-
Íbamos siempre dos, los dos, si era para pillar más de cuarto y mitad. Nunca en coche, moto, o autobús. Cuarenta minutos a la ida y apenas treinta para la vuelta. Lloviendo si llovía. De noche por descontado. Al llegar a casa, si había que hacer particiones, para tal o para cual, se hacían. El resto lo apalancábamos en botes metálicos o cajitas de madera. Nunca tuvimos ningún problema. En su isla o en la mía hubiera sido diferente: atravesar la ciudad, entrar y salir del polígono como si nada; ni más ni menos complicado; muy distinto.
Lo hacíamos así porque era más barato. Y porque está prohibido.
-
Íbamos siempre dos, los dos, si era para pillar más de cuarto y mitad. Nunca en coche, moto, o autobús. Cuarenta minutos a la ida y apenas treinta para la vuelta. Lloviendo si llovía. De noche por descontado. Al llegar a casa, si había que hacer particiones, para tal o para cual, se hacían. El resto lo apalancábamos en botes metálicos o cajitas de madera. Nunca tuvimos ningún problema. En su isla o en la mía hubiera sido diferente: atravesar la ciudad, entrar y salir del polígono como si nada; ni más ni menos complicado; muy distinto.Lo hacíamos así porque era más barato. Y porque está prohibido.
-
Muy bueno Lluís. Este me gusta.
ResponderEliminarTe mando mucho ánimo con las palabras y un abrazo con el teclado. Y si llueve, llueve. Es lo que hay. :)
Me ha gustado mucho este texto.
ResponderEliminarY también encontrar esta ciudad, que no sabía que existía...